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Mostrando entradas de 2020

Eco nº VII: Teme la sombra

  Sharik se encontraba tumbado sobre el suelo, mirando el lejano techo de la imperiosa habitación. Habían transcurrido 233 años desde su abrazo y aún así aquellas comodidades de su nueva vida le abrumaban tanto que incluso llegaban a ser un incordio. Siglos atrás quedaron los años de esclavitud y servidumbre, pero el dolor de las cicatrices aún resonaba en su cuerpo como si acabaran de arrancarle la piel, pese a que Nidama le había asegurado en sus primeros días que aquellas sensaciones desaparecerían. Sharik se incorporó y salió de su habitación con la intención de recorrer los largos pasillos y vagar sin ningún rumbo hasta que, su deambulación aleatoria, lo llevó hacia el gran salón de audiencias. Aquella sala era indiscutiblemente más grande que cualquiera de las villas en las que Sharik estuvo obligado a trabajar, cualquier mansión que hubiera visto con anterioridad y claramente, mayor que su poblado natal. El salón de audiencia tenía una gran alfombra roja que tapizaba todo ...

Eco nº XVI: Durante el equinoccio

  A veces… somos demasiado curiosos. Ese absurdo sentimiento que tenemos por conocerlo todo, por culpa de nuestro ego, somos incapaces de dejar las cosas estar, de vivir nuestra vida sin indagar en aquello que no debe ser indagado, sin rebuscar en remotas leyendas y cuentos, viviendo la vida como la tenemos que vivir, como una gota más en este inmenso océano; imperceptible, irrelevantes… una gota, solo… una… gota. Somos nuestro peor enemigo y, dentro de nosotros mismo, la soberbia nuestro mayor pecado. Tenemos lo que nos merecemos, en nuestra justa medida; ni más, ni menos. En eso hay que quitarse el sombrero frente al karma, puesto que esa «justicia» que tanto solemos querer, aunque nunca nos satisface, mantiene el ligero equilibrio en el que nuestro mundo se mueve, evitando que acabemos rompiendo la balanza que tan viciada tenemos a nuestro favor. Es en este momento, cuando veo el final de mi camino, donde soy consciente de estas pequeñas percepciones, sutiles, pero tan práct...

Eco XV: El encargo de Selene

Anabel apagó el despertador con un movimiento brusco del brazo, la lluvia aporreaba la ventana como lo había estado haciendo durante las semanas anteriores, los meteorólogos no entendían el por qué de esa borrasca que no parecía seguir los ritmos típicos establecidos, aunque tampoco era algo a lo que Anabel le prestase mucha atención. Pese a las semanas que habían pasado, Anabel seguía sin tener noticias de sus padres quienes, cada vez más segura de ello, debían seguir enfadados porque no acudiera a celebrar las fiestas con ellos. La conversación había sido la misma una y otra vez, hasta el punto de que Anabel se planteó grabar sus contestaciones a fin de no tener que pasar por eso otra vez. Entendía que para sus padres fuera muy importante, pero ellos también tenían que entender que el trabajo que ella tenía por delante era muy complicado, son pocos los que conseguían sacarse una plaza de diplomático sin ningún tipo de «padrino» y que la hubiesen destinado a Dublín significa...

Eco XXV: La doncella y el brujo

Érase que se era una pequeña aldea donde, en una pequeña casa no muy alejada de ella, vivía una doncella. No era la joven más guapa, ni tampoco la más valiente, pero la doncella tenía una luz especial que podía ayudar a los demás. Esta luz pasaba desapercibida a primera vista, pero aquellos que habían sido impregnados por ella, no olvidaban su brillo. Un día, la historia de la doncella llegó a oídos de un brujo que vivía al otro lado del Bosque Sombrío. El brujo, intrigado, se acercó a la aldea disfrazado para así evitar que nadie lo descubriera. Cuando el brujo encontró a la doncella, se quedó maravillado por la luz que la chica, inconsciente de su existencia, era capaz de emitir. El brujo, usando su disfraz, fue capaz de engañar a la doncella y convencerla de que la acompañara ya que aquella joven creía en la buena fe de las personas, sin importar su apariencia ni origen. Pasaron meses donde la joven estuvo confinada en lo más profundo de la cueva, sin contactos con el exte...

Eco XX: Al otro lado del lago...

Kelly estaba cansada de repetirle a su pequeña que no se acercase al lago, trabajaba todo el día y al llegar a casa, la niña siempre la esperaba junto al agua. El horror se apoderaba de Kelly que cada noche, aterrorizada, se lanzaba sobre su hija para alejarla lo antes posible. Apenas podía conciliar el sueño y ¿cómo hacerlo? Por más vueltas que le diera, no encontraba solución alguna. Huir no serviría para nada y era lo que más la inquietante de la situación, ¿cómo era posible que aquel pantano siempre la siguiera? Incluso en las grandes ciudades, acababa abandonando los bloques de pisos en los que vivía por inundaciones inexplicables. Kelly sabía que debía encontrar una solución, esa no era forma de vivir para su hija y, al mismo tiempo, era ella la causa de todo. Lo sabía a la perfección, aquel pantano no la seguía a ella, sino a su niña ya que todas las noches, cuando la arrancaba de su orilla, su hija le repetía la misma frase «Mami, hay algo en el lago». El simple h...