Eco IX: Buenos anfitriones
Pablo llegó a Slieve Bloom a las nueve de la mañana, todavía tenía que frotarse las manos a través de los guantes por el frío, solía estar acostumbrado a esas temperaturas ya que en Avilés el clima era bastante similar, sin embargo, en aquel bosque irlandés predominaba una neblina que humedecía mucho más el ambiente. Pese al frío que se le calaba en los huesos, Pablo no perdió el entusiasmo en recorrer ese mágico lugar. Al contrario que el resto de sus compañeros de promoción, quienes prefirieron superar la resaca de la noche anterior en el hotel, Pablo cogió el primer transporte que pudo para comenzar el sendero con cámara en mano y mochila a la espalda. Slieve Bloom era conocido por ser un bosque encantado, en más de un sentido, no solo por su vegetación que llamaba la atención a un recién graduado en biología como él, sino por la cantidad de leyendas fantásticas que se escondían en su interior. Lo había estado comentando la noche anterior con algunos asistentes del pub en ...